No podemos vivir eternamente
rodeados de muertos
hay que destruirlos
en un texto, un libro, una revista de los que ya nunca más saldrá,
sino al contrario salir afuera
para atacar
a la conciencia pública
si no
¿para qué sirve?
Selección de la poesía que leo y me desvela, de la poesía bebida, derramada, perdurable
No podemos vivir eternamente
rodeados de muertos
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Juan Pablornz
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Canción
En unos ojos abiertos,
olvidado, me di alcance.
Hoy me esquivan y no sé
ni perderme, ni encontrarme.
Canción de seguimiento
No soy el viento ni la vela
sino el timón que vela.
No soy el agua ni el timón
sino el que canta esta canción.
No soy la voz ni la garganta
sino lo que se canta.
No sé quién soy ni lo que digo
pero voy y te sigo.
Circe
Mi patria está en tus ojos, mi deber en tus labios.
Pídeme lo que quieras menos que te abandone.
Si naufragué en tus playas, si tendido en tu arena
soy un cerdo feliz, soy tuyo, mas no importa.
Soy de este sol que eres, mi solar está en ti.
No quiero más corona que el laurel de tus brazos.
Alucinaciones
Él vio pasar por ella sus fantasmas.
Ella se estremeció de ver en él sus fantasmas.
Él no quería perseguir sus fantasmas.
Ella quería creer en sus fantasmas.
Montó en ella, corrió tras sus fantasmas.
Ella lloró por sus fantasmas.
Práctica mortal
Subir los remos y dejarse
llevar con los ojos cerrados.
Abrir los ojos y encontrarse
vivo: se repitió el milagro.
Anda, levántate y olvida
esta ribera misteriosa
donde has desembarcado.
Elogio de lo mismo
¡Qué extraño es lo mismo!
Descubrir lo mismo.
Llegar a lo mismo.
¡Cielos de lo mismo!
Perderse en lo mismo.
Encontrarse en lo mismo.
¡Oh, mismo inagotable!
Danos siempre lo mismo.
Tarde en cámara lenta
Tu cuerpo, el mundo, corre.
Mis ojos, el mundo, también.
Nadie ama dos veces con los mismos ojos.
Contemplar: confluir.
Sol en la mesa
Dios está aquí.
Perdido en el abismo
de un vaso de agua
demasiado visto.
Dios está aquí.
La brisa, el sol, la mesa,
no son Dios. mis ojos,
no son Dios.
Dios está aquí.
Se movió la ventana,
y el Espíritu Santo
bailó en un vaso de agua.
De Reloj de sol, México: CONACULTA, 1996.
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Shajarit (Fragmentos)
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Voces
Hieres y volverás a herir. Porque hieres y te apartas. No acompañas a la herida.
*
Y si el amor es el amor perdido, ¿cómo encontrar el amor?
*
Ser alguien es ser alguien solo. Ser alguien es soledad.
*
Estar en compañía no es estar con alguien, sino estar en alguien.
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Oscura palabra
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La inconstancia
No estamos de acuerdo en todo. Nuestro amor,
decimos, no es 'de tan tonta calidad'. Decimos
a cada rato no hay que vivir en la jaula de los monos,
haciendo escalas con las lianas del ascenso individual,
de subida exclusiva,
sin atender a la melodía elíptica del organillero.
No hay que vivir así, hay que dar
y escuchar otra nota, su descenso melodioso,
su caída impar y no
un ejército de monos oponiendo
eñ pulgar a cualquier cosa. Me opongo
a eso, pero entonces decís,
con la sensatez de quien ama menos de dos,
nada es tan terrible.
Pero es terrible y lo siento
y siento que no lo sientas, y sentís,
con la sensatez de quien ama menos de dos,
que todo tiene solución. Y sin duda por suerte
todo se disuelve en esta calma, la de la incomprensión
que sale a comprar un revólver o
para el caso, un reloj.
Y mientras tanto está el alma traspasada
por la comprensión, un calor siempre amarillo,
alimonado, un árbol de palabras del que cuelga el colgado,
el que se entrega a la sucesión, a lo que sucede y no pasa,
al fruto del capullo
de la hoja de la rama
del árbol de palabras.
No hay menos de dos, esas arboledas altísimas
bajo las cuales lavar ropa sucia con discreción.
No presumir de suciedad, tampoco de limpieza.
Tener una cola ancha como el mar
con sus mareas, la historia de durar
sin seguridad, sin saber cómo crece, si crece,
el árbol de que hablamos.
Pero hablamos, hablamos, en escenas
sujetas a la interpretación. 'No puedo ser
la acacia y debería' parece una sentencia,
pero es tan sólo función de la poesía postularlo.
Vi esa acacia, te vi, no puedo quejarme porque
no me viste, estoy vestida y no para una boda,
es toda una alegría postularlo. Amo donde somos dos:
el centro de la tierra, el fondo del mar donde la luz no llega,
donde están los colores más brillantes
si alguien encendiera el reflector.
Allí donde manos, ojos, donde llega sólo
la voz por arrebatos, allí
el árbol ha enraizado.
Estamos de acuerdo un poco. Una incierta
tonalidad de la luz, un breve matiz de la mirada
y cierta felicidad de la ausencia, la más callada, la que hace
que las palabras no desaparezcan y se pierdan
en el follaje nuestro,
el de esta ramas.
El silencio fertiliza. este desierto se vuelve,
de pronto, una llanura soleada donde volvemos
a cambiar de dirección, donde cada serpiente no muestra
su silbido sino la piel que ha mudado y por un tiempo
la hace parecer otra serpiente, que no se desenrosca
del árbol que ya hablamos.
Y ya hablamos. Te quiero muchísimo dijiste
y dije que te amo: el maquillaje de la jaula de los monos
exige una pluma en cada cola prensil
para tener las manos libres, o mejor, un lápiz indeleble
pero nunca un cuchillo en nuestras manos, ni dañar
la corteza bajo cuya superficie -tenemos la esperanza-
fluye nuestra savia.
Te escribo con mi lápiz indeleble
que no tiene marca, aunque yo
esté marcada. Sálvese
en mí la mirada, sálvese la palabra.
De El arte de perder (1998)
***
Mi sufrimiento es uno que no te interesa.
Un grano de arena en el desierto
de tu pena, que es infinita. Por mi parte
creo en la marmita donde cuece
un caldo diferente, y yo no sonrío.
Estoy pendiente de tu gesto, y este estío
da un calor que no parece la pasión. La pasión
es el dolor de la madre, eso que conviene
no creer, pero da mientes. Estés
donde estés al fin tendrás que escucharme.
No darme la razón sino el tesoro del sonido
y la pura vibración de la belleza
que saludo como tuya, como ésa
que no sabe estar pero se queda,
y yo retengo. No te tengo,
quiero decir que me reniegas. Renegada,
soy la nada que subsiste, y en las cláusulas
deseadas voy debida:
me enfermo y me intoxico de tu voz
y digo no a quien nada
me requiera.
De Teoría sentimental (1994)
***
Para evitar la furia, concentrar la mente
y su penuria en el espacio de lo elocuente.
Sería el de la poesía y bastaría,
en realidad, el puro espacio de un cuerpo
inseguro, que desmiente estar allí alimentado
de presente. Un lugar de ausencia se reclama,
de verdad, donde la llama excuse alguna
decepción: una cuestión de tiempo y de tensión
–no de espacio de elocuencia–, de lejía
reservada a la inclemencia del error
y del ensayo. Expuesta al fallo de la ciencia,
la certeza ya no es propia: medir la realidad
por la crudeza de la copia es desvelo
de científico que apena al corazón y,
por prolífico, resiente la sanción y no la llena.
La mente habrá de poner celo en lo indudable
y consuelo en la mentira –moriré pero jamás;
me estanco en lo mutable–, y eso es todo
a lo que aspira, a eso apela. A alguna salvación
de lo inminente en el papel en blanco
que revela lo vaciado del vacío,
y lo concentra y se ve. Si se centra
el resultado, impío, es un antro de fe.
De Madam (1988)
*
De El árbol de palabras. Obra reunida (1984/2006), Buenos Aires: Bajo la luna, 2006.
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Juan Pablornz
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